Una crónica es más que contar, es saber describir espacios, momentos, lugares, situaciones, sentimientos, emociones, sonidos, con la intención de que el lector reciba un boleto de avión y sea un testigo más de la historia narrada. El escritor es la aerolínea, el avión son las letras que conducen a lugares distantes o cercanos, el pasajero es quien disfruta el viaje que inicia cuando el lector toma las palabras para ir a mundos diversos. Cuando el que lee logra llegar a su destino, se baja del avión y observa el panorama surrealista, al cual fue conducido gracias a palabras mágicas plasmadas en el papel, o a una interfaz virtual, creadas por el maestro dueño de estas formas, que quizás puedan llevar a múltiples universos, pues cada lector las transforma de diferentes maneras. Cuando esto sucede, el lector logra su objetivo.
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