Un gato en la tienda
El final de la tarde
se tornaba aburrido hasta cuando el ruido de la explosión de una botella de “Águila” estremeció la tienda de doña Juana, mientras el “Sietemuertos” mostraba su cuchillo
amenazando a quienes intentaran moverse. Preguntó -¿Quién le lanzó la botella
al “Gato”? Nadie respondió, sin embargo, el “Carirajado” tomó una botella de
aguardiente vacía, la golpeó contra el piso, rompiéndola para darle una forma
particular a la que la gente llama pico de
botella.
A partir de ese instante el lugar se volvió angustioso,
la gente empezó a salir de la tienda, don Rigoberto, esposo de doña Juana apagó
la música, aseguró las puertas de las vitrinas con llave, abrió el cajón de los
billetes y las monedas, lo vació en su
carriel, se dirigió inmediatamente al
interior de la casa, para luego salir con su revólver dispuesto a dispararle a
los tres personajes problemáticos. Exhibió el arma con ínfulas de justiciero
diciendo – ¡Por favor! se retiran el caballero del arma blanca, el “cari
rajado” y la señora que lanzó la botella.
Cuando don Rigoberto terminó su discurso, se terminó el silencio momentáneo,
pues el “Sietemuertos” hacía movimientos de espadachín con su cuchillo de
cocina intentando herir a la señora que golpeó al “Gato” y al que se había
armado con el pico de botella. ¡Doña Rosa!, gritó don Rigoberto,- tome,
golpéelo con este maso- la señora no tuvo oportunidad de recibir ayuda del
tendero, cuando ya estaba detrás de las vitrinas acurrucada al lado de las
canastas de las verduras.
Un joven que se había escondido en el rincón del orinal
había llamado a la policía; la sirena se escuchaba a la distancia, mientras el
“Gato” estaba tendido en el piso con más de cuatro heridas en el estómago. El
suelo se llenó de rojo, la tienda había
quedado semivacía, solo yo, el joven del orinal, don Rigoberto y la señora que
golpeó al Gato con la botella de “águila” permanecíamos en el lugar del crimen.
Mientras tanto, el “Sietemuertos” corría
herido carretera arriba. La patrulla policiaca ya se escuchaba a cuadra y
media, pero lo trágico no terminaba aún, el matón de la escena, personaje amenazado
por el revólver de don Rigoberto, se impulsó como un proyectil hacia el tendero
antes de que este accionara su pistola, sonaron dos disparos, los policías
entraron en la tienda y presenciaron los dos cuerpos sangrantes que aún se
movían en el piso.
El “Gato”, quien en realidad se llamaba Rigoberto José
Morales Rua, era hijo de don Rigoberto Morales, y doña Juana Rua, una pareja de
tenderos que hoy 15 de Abril del 2014 cumplen ocho años de haber huido del Magdalena Medio, luego de ser víctimas del desplazamiento forzado y quienes se habían
alejado de Santa Rosa del Sur, tratando de escaparle a la muerte. En su tierra
natal se dedicaban a la minería artesanal, buscando el tan anhelado metal
dorado, el metal de la guerra. En este pueblo del sur de Bolívar, los mineros
debían pagar a los grupos insurgentes una gran suma de dinero por cada gramo de
oro extraído, era por esto que los
tristes trabajadores a pesar de terminar cada jornada laboral con los bolsillos
llenos, se quedaban con pocos pesos de
ganancia.
En el último año de estancia en Santa Rosa del Sur, los
grupos guerrilleros se habían tomado el pueblo, muchas familias contaban con al
menos un miembro asesinado, hasta el punto de haberse formado algo semejante al
exterminio nazi. Fue entonces cuando al final de una tarde entusiasta y
conmovida por una gratificante jornada de trabajo, el “Gato” se disponía a
pesar el producido del día, cuando el comandante le exigió que dejara todo el
oro a su disposición. A pesar de la exigencia, el joven hizo caso omiso golpeando
de un puñetazo en el rostro al militante
armado. Luego salió corriendo con sus cotizas de suela de caucho y una bolsita
llena de oro hacia la Serranía de San Lucas.
A la distancia el uniformado disparaba con su AK 47, pero afortunadamente sin
dar en el blanco. El altercado fue la dinamita causante del escape forzoso de
la familia Morales Rua, pues luego de la disputa de su hijo, fue obligada a
separarse de su tierra nativa.
Ayer el padre de Rigoberto José
Morales Rua me dijo: yo que pensaba que huyendo de mi pueblo escapaba de la
muerte, nunca pensé que aquí en la ciudad iba a encontrar el fin de la vida de
mi hijo y el fin de mi libertad.
ocho años de cárcel por la muerte del “Carirajado”.
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