martes, 3 de junio de 2014

historia en un bar

Un gato en la tienda


 

El final de la tarde  se tornaba aburrido hasta cuando el ruido de la explosión de  una botella de “Águila” estremeció  la tienda de doña Juana, mientras  el “Sietemuertos” mostraba su cuchillo amenazando a quienes intentaran moverse. Preguntó -¿Quién le lanzó la botella al “Gato”? Nadie respondió, sin embargo, el “Carirajado” tomó una botella de aguardiente vacía, la golpeó contra el piso, rompiéndola para darle una forma particular  a la que la gente llama pico de botella.

A partir de ese instante el lugar se volvió angustioso, la gente empezó a salir de la tienda, don Rigoberto, esposo de doña Juana apagó la música, aseguró las puertas de las vitrinas con llave, abrió el cajón de los billetes y las monedas, lo vació  en su carriel,  se dirigió inmediatamente al interior de la casa, para luego salir con su revólver dispuesto a dispararle a los tres personajes problemáticos. Exhibió el arma con ínfulas de justiciero diciendo – ¡Por favor! se retiran el caballero del arma blanca, el “cari rajado” y la señora que  lanzó la botella. Cuando don Rigoberto terminó su discurso, se terminó el silencio momentáneo, pues el “Sietemuertos” hacía movimientos de espadachín con su cuchillo de cocina intentando herir a la señora que golpeó al “Gato” y al que se había armado con el pico de botella. ¡Doña Rosa!, gritó don Rigoberto,- tome, golpéelo con este maso- la señora no tuvo oportunidad de recibir ayuda del tendero, cuando ya estaba detrás de las vitrinas acurrucada al lado de las canastas de las verduras.

Un joven que se había escondido en el rincón del orinal había llamado a la policía; la sirena se escuchaba a la distancia, mientras el “Gato” estaba tendido en el piso con más de cuatro heridas en el estómago. El suelo se llenó de rojo, la tienda  había quedado semivacía, solo yo, el joven del orinal, don Rigoberto y la señora que golpeó al Gato con la botella de “águila” permanecíamos en el lugar del crimen. Mientras  tanto, el “Sietemuertos” corría herido carretera arriba. La patrulla policiaca ya se escuchaba a cuadra y media, pero lo trágico no terminaba aún, el matón de la escena, personaje amenazado por el revólver de don Rigoberto, se impulsó como un proyectil hacia el tendero antes de que este accionara su pistola, sonaron dos disparos, los policías entraron en la tienda y presenciaron los dos cuerpos sangrantes que aún se movían en el piso.

El “Gato”, quien en realidad se llamaba Rigoberto José Morales Rua, era hijo de don Rigoberto Morales, y doña Juana Rua, una pareja de tenderos que hoy  15 de Abril del  2014 cumplen ocho años de haber huido  del Magdalena Medio, luego de ser víctimas  del desplazamiento forzado y quienes se habían alejado de Santa Rosa del Sur, tratando de escaparle a la muerte. En su tierra natal se dedicaban a la minería artesanal, buscando el tan anhelado metal dorado, el metal de la guerra. En este pueblo del sur de Bolívar, los mineros debían pagar a los grupos insurgentes  una gran suma de dinero por cada gramo de oro  extraído, era por esto que los tristes trabajadores a pesar de terminar cada jornada laboral con los bolsillos llenos, se quedaban con  pocos pesos de ganancia.
En el último año de estancia en Santa Rosa del Sur, los grupos guerrilleros se habían tomado el pueblo, muchas familias contaban con al menos un miembro asesinado, hasta el punto de haberse formado algo semejante al exterminio nazi. Fue entonces cuando al final de una tarde entusiasta y conmovida por una gratificante jornada de trabajo, el “Gato” se disponía a pesar el producido del día, cuando el comandante le exigió que dejara todo el oro a su disposición. A pesar de la exigencia, el joven hizo caso omiso golpeando de un puñetazo en el rostro  al militante armado. Luego salió corriendo con sus cotizas de suela de caucho y una bolsita llena de oro  hacia la Serranía de San Lucas. A la distancia el uniformado disparaba con su AK 47, pero afortunadamente sin dar en el blanco. El altercado fue la dinamita causante del escape forzoso de la familia Morales Rua, pues luego de la disputa de su hijo, fue obligada a separarse de su tierra nativa.
Ayer el padre de Rigoberto José Morales Rua me dijo: yo que pensaba que huyendo de mi pueblo escapaba de la muerte, nunca pensé que aquí en la ciudad iba a encontrar el fin de la vida de mi hijo y el fin de mi libertad.

Desde hace varios domingos vengo a la “Modelo” a visitar a Don Rigoberto, quien paga 
ocho años de cárcel por la muerte del “Carirajado”.

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